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La foto es de hace siete años y la hice en el cementerio del Poble Nou, pero sirve para transmitir el ambiente. |
Mi pasos me condujeron esta mañana al cementerio de Sitges. Mortui resurgent, reza en latín el arco de entrada. “Los muertos resucitarán”.
Tras entrar, un espacio vacío, lleno de restos de cuerpos almacenados en nichos
numerados, apilados como pequeños apartamentos en la ciudad. Curioso ese orden
numérico entre los despojos mortales. Las pequeñas lápidas intentaban
personalizar a cada fallecido. Palabras de tristeza o de esperanza, ajadas por el
tiempo, pretendían revestir de un halo de trascendencia lo que es un adiós. Me
emocionó especialmente una leyenda que decía algo parecido a “El cuerpo,
encerrado en esta cárcel; el alma, hacia el infinito, y el mar, tan cerca”. Y
era cierto, por lo menos, su última afirmación. La ladera en la que se asienta el cementerio se hunde en el mar.
Diríase que esas almas que citaba la leyenda pueden contemplar el runrún eterno
de las olas, ese ritmo constante que nos acerca al infinito. Vana
esperanza, inútil deseo de permanencia.
Paseando por las calles de la pequeña ciudad de los muertos,
me encontraba en muchas lápidas la expresión “propiedad de la familia…”. La
propiedad está más enraizada y dura más que la propia vida. Incluso contemplé
el nombre de una futura habitante de esta silente ciudad, que
incluía en su lápida el año de nacimiento y, tras el guión, el espacio para añadir el año de su muerte, como un interrogante que el destino debía
resolver. Siempre es bueno contemplar, desde fuera, cuál será tu última morada.
Una mente previsora, sin duda.
Seguía vagando por las calles cuando observé a dos
empleados de la funeraria arrastrando un carrito con un ataúd. Coincido con un
entierro, pensé. Tras ellos, la familia del fallecido caminaba sobre la grava.
Semblantes desencajados, ojos enrojecidos, labios temblorosos. La tristeza
sobrevolaba al grupo como una bandada de grajos.
A mi espalda, oí el rascar de las paletas contra el hormigón
de los nichos. En un momento, los familiares se fueron. Así de rápido se sella
una vida, pensé.
Mortui resurgent.
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