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Esquema típico de iluminación de conciertos en Barcelona. Observen que está más iluminado el cabezal del amplificador que el artista que está creando música en directo. ¡Viva la silueta! |
Barcelona no se ha caracterizado por ser una ciudad en la
que se iluminen bien los conciertos, más bien todo lo contrario. Hace años
pareció instaurarse la moda de acribillar al respetable con contraluces que
atacaban directamente a las retinas del respetable mientras dejaban a los
artistas a oscuras. Recuerdo especialmente unos años en el Primavera Sound,
allá en el Poble Espanyol, en los que las únicas iluminaciones eran contraluces
de focos rojos y azules.
La Sala Apolo era una de las pocas en la que podías
encontrar una iluminación competente, respetuosa para con el artista y su
público. Profesional, en una palabra. El concierto de Tiraniwen fue un ejemplo
de bella iluminación creada en concordancia con la música de la actuación. Y digo
“era” porque, desde hace unos meses, la situación ha degenerado de manera
extraordinaria. Otros cronistas musicales ya se han quejado de esta situación.
La celebración, ayer, del Make Noise Festival llevó la
tendencia a extremos delirantes. Así, nos encontramos a los Muñeco, que
iniciaban la velada en absoluta oscuridad y que se quejaban de la imposibilidad
de afinar y, casi, de encontrar sus instrumentos, agazapados en la oscuridad de
un escenario que parecía un agujero negro que engullera la luz, más que un
espacio dedicado a la música en directo.
Con los siguientes grupos la situación no mejoró. Uno
asistía cariacontecido a una sucesión de sombras que imaginaba eran los conjuntos
que actuaban, hasta que terminaba la canción. Entonces, entre tema y tema, se
iluminaba a toda potencia el escenario, supongo que para que los grupos
comprobaran si todos los integrantes continuaban sobre las tablas. Les aseguro
que presencié muecas de queja entre los músicos, cegados por los fogonazos de
quien parecía que encontraba repentinamente el botón que buscaba desde hacía
tiempo. Por supuesto, a la que comenzaba la siguiente canción, volvíamos a las
sombras chinescas, a los contraluces inmisericordes.
Soy fotógrafo y pueden pensar que critico motivado por mis
propios intereses. Están en su derecho, pero se equivocan. Hablo como espectador. ¿Se
imaginan ir a un concierto y no escuchar la voz del cantante? Alguien podrá
decir que es una decisión consciente del técnico de sonido, pero creo que
coincidiríamos la mayoría en que nos encontramos ante un sinsentido. Pues lo
mismo ocurre con la iluminación. Los focos fueron diseñados para crear
atmósferas en concordancia con la música, para complementar sus efectos y
realzar el espectáculo al que estamos asistiendo. La oscuridad por la oscuridad
no es misteriosa ni sugerente. Es la nada absoluta.
2 comments:
En el concierto de Lee Ranaldo, ayer, en la sala Apolo 2. El propio guitarrista erró en el riff introductorio de uno de sus temas y lo repitió hasta 3 veces..y comentó.. "It's too dark here!!..." El pobre no veía ni los trastes de su guitarra... Tuvo que ir a buscar el haz del foco, trasero, como no?, apuntando al público para poder ejecutarlo... Evidentemente los fotógrafos lo tenéis muy difícil...
¡Gracias por tu comentario, José Luis! ¡Un placer conocerte ayer!
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