Thursday, July 16, 2009

ENTRETELAS


El tiempo libre tiene estas cosas. Estaba haciendo zapping una mañana cuando me encontré con una serie que marcó mi infancia, al igual que la de toda mi generación: Vickie el Vikingo. Sí, soy de esos que un anunciante desgraciado afirma que tenemos que empezar a cuidarnos.

Me quedé viendo el capítulo para analizar el motivo de su éxito. La serie, de mediados de los 70, cuenta las peripecias de unos simpáticos vikingos que invaden y asolan pueblos mientras intentan no ser ellos las víctimas de sus propias prácticas. Un argumento que, en nuestra sociedad actual de pensamiento políticamente correcto, sería, sin duda, puesto en cuarentena. Basados claramente en Astérix, los personajes de Vickie tienen cada uno se peculiaridad cómica. Lo curioso es que la serie abogaba por la inteligencia como motor de solución de los problemas. Qué diferente de dibujos como Dragonball, que glorifica la violencia como único método para la solución de los conflictos.

Presté atención a la omnipresente banda sonora. Una música pegajosa y efectiva, amoldada a las vicisitudes de los protagonistas. Al finalizar el episodio, redescubrí que su autor era Karel Svoboda. Como el nombre me sonaba, investigué en internet. Conocido como el rey del pop checo, Svoboda compuso la banda sonora de otras series que marcaron el mundo a su paso: La abeja Maya y Nils Hogersson. De hecho, algunas de estas melodías son actualmente utilizadas por los anunciantes para intentar vendernos productos a los de nuestra edad.

Svoboda fue encontrado en el jardín de su villa, el 28 de enero de 2007, muerto de un disparo. La autopsia decretó que se había suicidado. Su final tuvo en epílogo morboso con la publicación de las fotos de su cadáver en el diario sensacionalista Blesk. Las imágenes, realizadas inicialmente con fines forenses, fueron comercializadas por el policía que las tomó, lo que le costó la expulsión del cuerpo.

Fascinante que el autor de melodías inmortales que apelaban a la alegría de vivir acabase sus días con un suicidio. Las contradicciones del espíritu humano. Svoboda me recuerda a Primo Levi, que decidió dejar de vivir muchos años después de haber conseguido sobrevivir al terror nazi. Qué extraños somos.



La fotografía, durante una jornada de localizaciones para una sesión.

Buenos días.

Tuesday, July 14, 2009

COCHES ABANDONADOS



A veces, una portada resume a la perfección el tono de un libro. Éste es el caso de la ilustración que presenta “Coches abandonados”, el tomo de historias gráficas de Tim Lane. Esa mirada perdida, embebida, mirada de perdedor. La huída, ya sea con automóviles, trenes u otros medios artificiales, como el alcohol o las drogas, que siempre se revela como imposible, porque no se puede huir de uno mismo. Todo ello se muestra en la portada y se desarrolla en el interior.

Un cómic opresivo, casi metafísico. Doloroso pero fascinante. Un sentido trágico de la vida que entronca a Lane con autores de otros géneros y que demuestra que no hay artes mayores o menores, porque el arte estriba en lo que eres capaz de crear al combinar los elementos que conforman la disciplina artística a la que te dedicas.

Cuando lo vi en la librería, la portada captó mi atención al momento. Cuánto me alegro de dejarme vencer por impulsos.

Buenos días.

Thursday, July 09, 2009

CAMPANADAS A MEDIANOCHE


He visto recientemente dos películas basadas en los mismos personajes de Shakespeare: Enrique V, de Kenneth Brannagh, y Campanadas a Medianoche, de Orson Welles. Su distancia es enorme. Si la película de Brannagh es un producto para el lucimiento de su actor y director, una película de televisión con apariencia de cine, en el caso de Welles estamos ante una obra de arte que trasciende a su autor y a su época y es, al mismo tiempo, su mejor retrato o autobiografía.

El gordinflón vividor Falstaff, repudiado por su antiguo compañero de tropelías y ahora rey, es Welles, olvidado por un sistema de estudios al que no le convenía el ambicioso creador americano. Se tiende a poner a Welles como una víctima del cine cuando él mismo era responsable en gran medida de su caída en desgracia. Vividor, inconstante pero genio. Ese genio que brilla en todos los fotogramas de su película, rodada en España, y en el montaje de la escena central de la batalla, extrañamente avanzado a su época. Cuentan quienes compartieron el rodaje con Welles que marcaba las imágenes a montar en directo y que apenas se debía hacer modificaciones. Un genio.

Rescato dos frases de una entrevista con Peter Bogdanovich que forma parte de su libro Ciudadano Welles:

Sobre el montaje como el corazón de una película:

Si un día me decidiera a enseñar cómo hacer una película, daría mis clases en torno a una moviola”.

Y sobre cómo nuestras obras nos definen, cómo son, en el fondo, autobiográficas, para bien o para mal:

Una película debe y tiene que ser un reflejo de la entera cultura del hombre que la hace, de su educación, su conocimiento humano, su capacidad de comprensión”.

La batalla de Shrewsbury. Un prodigio de montaje:



Ganas me dan de revisar toda su filmografía. Un abrazo en la distancia al genio vividor.

Las chicas de la fotografía fueron retratadas en el Sónar, pero sus caras tienen un cierto aire medieval, podrían haber formado parte de los extras de Campanadas a Medianoche. No somos tan diferentes, aunque vayamos de modernos.

Buenos días.