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25.10.13

Recuerdo a Morten


Este joven saxofonista que ven en la imagen no está ya con nosotros. Falleció esta semana, demasiado pronto, sin motivo, sin otra razón que la suerte, que decide que unos sobrevivamos día a día, sin darnos cuenta, como dándolo por sentado, mientras otros ven truncado su camino de manera brutal y precipitada.

No le conocía. Sólo tuve una ocasión de coincidir con él, hace tres años, cuando tomé esta fotografía.  Pero puedo hacerme una idea de su personalidad viendo las reacciones que está suscitando su marcha.

Morten era saxofonista de jazz. Conocido y querido en las What The Fuck! Jam Sessions que se desarrollan cada lunes en el club Jamboree de Barcelona. Dos reflexiones, a cuenta de ello.

La primera. El jazz es, para mí, un perfecto reflejo de lo que tendría que ser nuestro día a día. Es por definición una música libre, pero que exige un gran nivel de compromiso. Tocar jazz es intentar dar cada día lo mejor de ti, improvisar, modificar lo que ya sabías con la intención de llegar a una verdad superior. Para que el jazz esté vivo tienes que sorprender y sorprenderte. No sirve el acomodamiento, el desapego. Cada día algo nuevo, algo mejor. Ojalá seamos capaces de lograrlo en aquello que emprendemos.

La segunda. La fotografía como fijación de un instante para la posteridad. Como memento mori y prueba de lo que hemos conseguido en vida. Como presente que se torna pasado y que adquiere nuevas capas de verdad que se posan sobre ella con el paso del tiempo.

Morten se ha ido antes de tiempo, pero quizás haya vivido más vidas que los que continuamos aquí. Miro la foto y recuerdo que, hace tres años, empecé a escuchar su solo antes de que lo localizara en el concurrido local en el que tocaba. Ahora es su imagen la que permanece aunque su saxo ha enmudecido. Todos vamos a desaparecer, pero algunos serán recordados. Recuerdo a Morten.

12.3.13

A veces, la suerte


A veces, la suerte te acompaña. Asistes a un concierto y, sin saber por qué, comienzas a grabar en cuanto los músicos suben al escenario. ¿Qué hace tomar esa decisión? ¿Es quizás el fondo de saxo generado electrónicamente? ¿La tensión creciente que hace prever el clímax que se aproxima? A veces, simplemente no sabes qué mecanismo en tu interior te impele a ello.

Cuando Llibert Fortuny, Martin Leiton y Ferenc Nemeth comenzaron a tocar sus instrumentos, pulsé el botón de grabación de vídeo. Y, mientras contemplaba, a través de la pequeña pantalla digital, cómo conquistaban espacios de libertad con su música y apreciaba la fuerza que se desprendía de sus interpretaciones, sabía que estaba captando el momento, ese instante en que las notas creadas por tres músicos crecen y se enlazan para formar algo más grande que la suma de sus capacidades, un torbellino de tensión que explotaba en oleadas de fiera felicidad, de descubrimientos insospechados, de conjunciones sorprendentes. Por unos instantes fui consciente de que el resultado que estaba escuchando pagaba con creces todas las horas de esfuerzo y sacrificio que los tres músicos habían dedicado a su mejora profesional.

Me sonreí pensando que esa materia evanescente, la música que golpeaba las bóvedas de piedra del Jamboree y se desvanecía tan rápidamente como había llegado, se estaba almacenando en un pequeño dispositivo electrónico que me permitiría revivir momentos e intensidades.

Hoy comparto con vosotros esos primeros veinte minutos catárticos, inmensos, del principio del concierto. En mi recuerdo, el resto de la actuación no llegó a tales cotas de emoción, pero no se pueden pedir imposibles, cuando la mayor parte de las actuaciones no llegan, en ningún momento, a las cumbres que culminaron esta tríada de músicos.

Veinte minutos y el sensor recalentado de mi cámara se apagó al no poder resistir por más tiempo la temperatura. Sus sistemas de seguridad dictaron cuándo finalizaba la pervivencia de esa sesión y cuándo la música volvió a convertirse en material volátil, en recuerdo inconcreto que flotó por el Jamboree sólo durante la What The Fuck Jam Session. Mágico. Etéreo. Inaprehensible.