
—¡Con esa cámara ya podrás hacer buenas fotos!
Cientos, miles de veces he criticado esa frase.
Recientemente incluí el acceso de descarga para las imágenes de la actuación en Barcelona de Brandon Flowers que había realizado su “fotógrafo” oficial (me permitirán entrecomillar la supuesta profesión, en aras de no incluir algún otro sustantivo más hiriente) con una de las mejores cámaras disponibles en la actualidad para fotografías a baja luz, la Canon EOS 5D MkII. Bien, las fotografías de ese supuesto fotógrafo eran, sencillamente, impublicables.
Así que no es la cámara; es quien la utiliza. Su capacitación técnica, su conocimiento y, sobre todo, su visión fotográfica.
Disculpen que insista, pero reitero el tema porque, ante la precarización de la fotografía, los propios fotógrafos caemos en el error de asociar ese empeoramiento de las condiciones de la profesión con el advenimiento de la fotografía digital. Es decir, solemos decir que la digitalización de la fotografía ha hecho que cualquiera pueda hacer fotos. Por lo tanto, nosotros, como colectivo, también afirmamos que la cámara es la que hace las fotos.
Y eso es radicalmente falso. Cualquiera puede apretar el disparador. No cualquiera hace fotos.
¿La llegada de la fotografía digital ha permitido una popularización de la fotografía? Sin duda. Pero es una tendencia que viene de antes. ¿Ya nadie se acuerda de las polaroid, las instamatic y las compactas de carrete? Todas ellas, iniciativas para popularizar la fotografía, para ampliar el negocio. Para el “cualquiera puede hacerlo”. Ya entonces se revelaban millones de fotografías, pero existía la diferenciación entre el profesional y el aficionado.
¿Por qué? Pues porque había unos criterios de calidad mínimos que marcaban el listón de entrada. Y esos criterios han saltado por los aires. Los medios de comunicación los han dinamitado
Los medios de comunicación pierden ventas, quieren reducir costes, llenar páginas de la manera más económica posible, aunque sea a expensas de la calidad en la información que ofrecen.
Ese es el gran cambio que se da ahora. Y en el que la fotografía digital es sólo una condición facilitadora. Hay agencias de prensa cuyos periodistas son, al mismo tiempo, redactores, fotógrafos, cámaras de vídeo, técnicos de sonido y quién sabe cuántas cosas más al mismo tiempo. Es imposible que compaginen todas esas funciones y ofrezcan lo mejor de ellos mismos en cada una de esas actividades. Y la agencia lo sabe, pero también sabe que la rentabilidad aumenta exponencialmente. A la misma velocidad que se degrada la información publicada, por cierto. Pero es igual, lo que importa es el dinero. Y ese es el modelo que se está aplicando, cada vez más, en todas las redacciones.
No son las cámaras, son los medios.
Puerta de artistas. Ya puede entrar por ella y sentirse como tal, aunque sea sólo por un día. Lo único que tiene que hacer es regalar su trabajo.
Buenos días.